Miles de centroafricanos buscan protección en Camerún

El resurgimiento de la violencia en la República Centroafricana ha empujado a 5.000 centroafricanos a buscar seguridad al otro lado de la frontera en Camerún.

Entre los refugiados centroafricanos que buscan seguridad en Camerún hay muchos ni?os y ni?as.
© ACNUR/Xavier Bourgois

Sentado en el bar de un hotel en Garoua-Boula?, una peque?a ciudad del este del Camerún en la frontera con la República Centroafricana, un hombre de mediana edad hace una serie de llamadas telefónicas. Hace unas semanas, era un candidato en las elecciones legislativas de la ciudad centroafricana de Bouar.


Las incursiones de los insurgentes y la violencia pusieron fin a su campa?a. Junto con muchos otros habitantes de la ciudad, entre ellos agricultores, comerciantes y oficiales públicos, tuvo que huir en dirección a Camerún.

“Ahora estoy varado. La carretera está bloqueada”, explica el hombre*, que ahora busca un vuelo de regreso a Bangui, la capital de la República Centroafricana.

Durante varias semanas no transitaron vehículos en la carretera principal entre Douala, en Camerún, y Bangui, como lo demuestran las docenas de camiones de carga estacionados al borde de la carretera en Camerún.

La violencia electoral de finales de diciembre empujó a unos 60.000 centroafricanos a buscar seguridad en los países vecinos. 

Aunque la mayoría ha huido a la República Democrática del Congo, casi 5.000 refugiados decidieron cruzar el monte para llegar al vecino Camerún, evitando la carretera y los grupos armados. Miles más han buscado seguridad en Chad y en la República del Congo.

Entre los refugiados recién llegados a Garoua-Boula? se encuentra Gnindou Melina, quien logró registrarse con ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, después de haber caminado 60 kilómetros desde Baboua en el oeste de la República Centroafricana con su joven familia.

“Desde el 19 de diciembre empezamos a ver taxis que huían de Gallo (a 40 kilómetros de distancia), nos dijeron que los rebeldes se dirigían a Baboua. Salimos el 21 de diciembre a pie con los ni?os”, dice. “Tuvimos que caminar porque ya no había más taxis informales. Caminamos, caminamos, caminamos hasta Garoua-Boula?”.

“Tuvimos que caminar porque ya no había más taxis informales”.

Ahora, a Melina le cuesta imaginar el regreso a su país y dice que está dispuesta a ir a cualquier parte, siempre y cuando ella y su familia puedan vivir en paz.

El campamento de refugiados de Gado, ubicado a 30 minutos en carro de la frontera, ya alberga a más de 26.000 refugiados centroafricanos que huyeron de la anterior situación de violencia, en 2014. Equipos de carpinteros están trabajando para construir 300 alojamientos de emergencia para albergar a algunos de los recién llegados, pero otros tendrán que encontrar albergue en las comunidades locales.

“Tengo muchos hijos. No tengo dinero, ?con qué voy a pagar una renta? Prefiero ir a Gado. ?Encontraremos alojamiento en Gado? ?Qué comeremos? No lo sé, no lo sé. Aquí encontrar comida es un poco difícil con los ni?os”, dice Josephine Oumarou, que también huyó de los combates en Bouar. 

Maurice Moussouravi, jefe de la oficina de ACNUR en Meiganga, que gestiona el campamento de Gado, dice que la situación es manejable por ahora. “Con el apoyo de nuestros socios, podemos hacer frente a estas llegadas y ofrecer albergue, comida y cuidados a quienes lo necesitan. Sin embargo, si la afluencia continúa, junto a las autoridades camerunesas dirigiremos a las personas refugiadas a los lugares más adecuados para que reciban atención y sobre todo estén seguros”.

El Programa Mundial de Alimentos y UNICEF también están apoyando al ACNUR en su respuesta a esta nueva emergencia, “pero los recursos siguen siendo limitados y necesitaremos toda la buena voluntad para seguir ayudando a los recién llegados, si es que la afluencia aumenta”, dijo Moussouravi.

*No se revela su identidad por razones de protección.