Familia huye de su hogar para salvar su vida en Centroamérica

Más de 830.000 personas han sido forzadas a huir de los países del Norte de Centroamérica. Un poco menos de la mitad son desplazados internos en países como Honduras.

En Honduras, las pandillas expulsan a las familias de sus hogares y tierras.
© ACNUR/Tito Herrera

Eran las 4:50 de la madrugada de un caluroso jueves de marzo en San Pedro Sula, ubicada al norte de Honduras, cuando Ruth Salgado, 19, escuchó la frase que le cambió la vida a ella y a toda su familia: “?Ya viene la mara!”


Sus padres no estaban en casa y Ruth se hizo cargo. Tomó a su hermanito menor en brazos y salió de la peque?a casa familiar de láminas y madera para huir junto a sus siete hermanos, de entre uno y 16 a?os. Ruth no pensó en nada más que en salvar sus vidas. Otros treinta miembros de la familia extendida, que vivían en las cinco casas alrededor de la familia de Ruth, emprendieron también la huida.

La familia de Ruth había llegado a la ciudad de San Pedro Sula hace 15 a?os, cuando las cosechas escasearon por la falta de lluvias en su pueblo natal en el departamento de Valle. Con el tiempo, la familia creció y se instaló en la periferia de la ciudad, permaneciendo siempre unida. Vivían en la misma comunidad a la orilla de un río, sustentándose principalmente, con a las ventas ambulantes y el comercio informal.

“Los pandilleros de la mara que comenzó a controlar los bordos del río, llegaban a cualquier hora pidiendo comida, café, exigían que nosotras les laváramos la ropa” relata Ruth. “Las mujeres de mi familia y yo lo hacíamos para evitarnos problemas”.

“Pero luego comenzaron a pedir que mis primos y mis tíos se unieran a ellos, querían que distribuyeran su droga, que cobraran sus extorsiones”. La mara comenzó a buscar a los ni?os y las ni?as para que fueran “banderas”, vigilantes, o les hicieran peque?os favores, como transportar peque?as cantidades de droga, cobrar extorsiones o hacer de mensajeros.

“Un día nos dijeron que, si no estábamos con ellos, estábamos en su contra”.

Como los hermanos y otros miembros de la familia de Ruth, los ni?os, ni?as y adolescentes en el norte de Centroamérica son particularmente vulnerables a la violencia de las maras y pandillas, quienes tienen un interés especial en vincularles desde temprana edad. Este riesgo obliga de manera incremental que familias enteras se vean forzadas a huir de sus hogares para escapar de la violencia y el reclutamiento de sus hijos.

De acuerdo con un nuevo informe de ACNUR y UNICEF, casi el 20 por ciento de las más de 3.100 personas entrevistadas a finales de 2019 y principios de 2020 en Honduras y El Salvador y que viajaban con sus familias identificaron la violencia como la principal razón de su desplazamiento, incluidas amenazas de muerte, extorsión, reclutamiento de pandillas y violencia doméstica. Negarse a acceder a las condiciones de estos grupos aumenta el riesgo de las familias completas, afectando directamente la capacidad de cubrir necesidades básicas, acceder a la educación, la salud y otros servicios sociales.

“Nosotros desde el inicio nos opusimos, seguíamos haciendo sus alimentos y lavando su ropa, pero nos negamos a hacer algo más por ellos”, dice Ruth. Pero las exigencias venían con intimidaciones y amenazas. “Un día nos dijeron que, si no estábamos con ellos, estábamos en su contra. Ellos no permitirían enemigos en su territorio, así que debíamos irnos”, recuerda.

La familia se negó. Esas eran sus tierras y sus casas, ahí habían nacido y crecido sus hijos. Tenían sus árboles frutales y sus peque?as milpas o maizales.

Ese jueves, los miembros de la pandilla caminaron hacia el terreno de la familia portando armas de alto calibre y cargando galones de combustible para acabar de una vez por todas con ellos.

Los gritos de alerta de los vecinos despertaron a Ruth. Ella, su pareja Gabriel, sus hermanos y demás familiares lograron salir a tiempo, pero desde lejos, vieron como sus hogares ardían en llamas.

“Aunque lo perdimos todo y debemos comenzar de cero, salvamos lo más importante: nuestra familia”.

Más de 830.000 personas han sido forzadas a huir de los países del Norte de Centroamérica. Un poco menos de la mitad son desplazados internos en países como Honduras, que ha contabilizado unas 270.000 personas que huyeron internamente a raíz de la violencia.

Para la familia de Ruth la huida no fue fácil. Ella, Gabriel y los siete ni?os se separaron del resto de la familia sin darse cuenta. El temor los llevó a correr sin rumbo por unas horas, hasta que el hambre, el cansancio y la sed los obligaron a detenerse y esconderse bajo un puente durante una noche, temiendo ser encontrados por la pandilla.

Cuando lograron reencontrarse frente a la Alcaldía de San Pedro Sula, pudieron recibir asistencia de las autoridades municipales, con el apoyo del ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados. La familia fue trasladada adonde pudieron descansar, alimentarse y recibir atención médica y psicológica.

“Ahora estamos en un lugar seguro. Aunque lo perdimos todo y debemos comenzar de cero, salvamos lo más importante: nuestra familia” dice Ruth, mientras ve a sus hermanitos jugar en un peque?o jardín comunal.